Lo que aprendí de Derecho jugando al Go

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Un reto para la programación pero ¿Derecho y Go?

Hace unas semanas  el Go (Baduk en coreano, Weiki en Chino), un juego oriental casi desconocido en Occidente, fue noticia en los grandes medios; por fin un programa de ordenador conseguía vencer a un jugador de Go de alto nivel. Era un reto pendiente para la programación y la Inteligencia Artificial desde que en 1996 Deep Blue venciese a Kasparov en una partida de ajedrez. Y el reto no era de los pequeños, la complejidad del Go supera con creces a la del ajedrez y además la fuerza bruta computacional es insuficiente para enfrentarse a conceptos básicos en el Go como vida y muerte, sacrificio y reconocimiento de patrones máxime cuando los jugadores manejan conceptos tales como intuición y buena o mala forma.

Comentando el logro conseguido se ha escrito que  el equipo de Inteligencia Artificial de Google Deep Mind se ha anticipado un par de décadas; el verdadero potencial de AlphaGo se demostrará en el mes de marzo de este año en su enfrentamiento con el mejor jugador del mundo, el coreano Lee Sedol, solo entonces veremos si estamos ante un código de 2050.

Las reglas del Go son sorprendentemente sencillas, bastan diez minutos para aprenderlas, aunque saber jugar lleva algo más de tiempo, quizá, suele decirse,  dos o tres vidas; la profundidad, el elevado componente estratégico y táctico y el cálculo numérico y visual que entran en juego en una partida de Go ha permitido que se haya vinculado con disciplinas tan dispares como las matemáticas, la economía y la política .  

Tratando el Go de la resolución de conflictos entre dos partes que pugnan por un territorio es evidente que ha de surgir también conexión entre el Derecho y el Go, y creo que se puede explicar sin necesidad de saber nada del Go..ni de Derecho. Basta con saber que dos jugadores se enfrentan sobre un tablero cuadriculado (de 19×19, aunque también los hay de 13×13 y 9×9) que uno dispone de 181 piedras negras y el otro de 180 piedras blancas y que las colocan alternativamente sobre las intersecciones de las cuadrículas del tablero.

Es más antiguo que la más antigua escritura y el tablero es un mapa del universo. Sus variaciones negras y blancas agotarán el tiempo; en él pueden perderse los hombres como en el amor o en el día. (El Go, Jorge Luis Borges)
Es más antiguo que la más antigua escritura
y el tablero es un mapa del universo.
Sus variaciones negras y blancas
agotarán el tiempo;
en él pueden perderse los hombres
como en el amor o en el día. (El Go, Jorge Luis Borges)
Mi libertad termina donde empieza la de los demás.

Suele citarse la colisión de derechos como uno de los límites del ejercicio de los derechos subjetivos; dado que mi derecho al descanso es incompatible con tu derecho a divertirte en la vía pública, el Ordenamiento Jurídico establece distintos mecanismos de resolución de conflictos atribuyendo prioridad a los intereses generales sobre los particulares, o haciendo prevalecer el derecho fundamental sobre el ordinario, o aplicando el principio prior in tempore potior in iure haciendo de mejor condición al derecho constituido antes.

En el Go es esencial el concepto de libertad. Una piedra estará viva mientras conserve al menos una de sus cuatro libertades de modo que la forma de matar una piedra del contrario es quitarle esas cuatro libertades y ocurre que la única forma de quitarle una libertad al contrario es perder una libertad propia, de suerte que la infracción del neminem laedere, el dañar a otro, implica sufrir un daño igual al causado; he aquí un mecanismo de auto-regulación que obliga a calibrar muy bien los medios de que disponemos y las posibles consecuencias antes iniciar un ataque sobre el contrario. Esta regla nos ayuda a comprender también que cuando concurren derechos fundamentales, como explican Serna y Toller, “en rigor el extendido mito del conflicto de derechos se da sólo aparentemente entre los derechos -en abstracto y en concreto- y realmente entre las pretensiones y entre los intereses individuales de cada una de las partes”

En la parte superior dos piedras blanca y negra, con sus cuatro libertades. En la parte inferior derecha negro le ha quitado una libertad a blanco al tiempo que ha perdido una propia. En la parte inferior izquierda, negro en atari, si blanco juega en , negro morirá.
En la parte superior dos piedras blanca y negra, con sus cuatro libertades. En la parte inferior derecha negro le ha quitado una libertad a blanco al tiempo que ha perdido una propia. En la parte inferior izquierda, negro en atari, si blanco juega en el punto marcado con el triángulo, negro morirá.

La propiedad se adquiere por ocupación, por sucesión mortis causa y por consecuencia de ciertos contratos mediante la tradición.

Según el artículo 610 del Código Civil la propiedad se adquiere por ocupación. Frente a la amplitud que tuvo en otras épocas históricas hoy juega un papel residual respecto de los animales (artículos 611 a 613) y a las reglas especiales del hallazgo y del tesoro oculto (artículos 614 a 616 y Legislación sobre Patrimonio Histórico). Las cuentas corrientes, valores, depósitos e inmuebles carentes de dueño, pertenecen al Estado. En el Go dos bandos tratan de hacer suyos la mayor parte posible de los 361 puntos de territorio, tantos como intersecciones y la forma de hacerlo es por ocupación, tomando posesión del mismo mediante la colocación de piedras que tratan de cercar (en algunos lugares se le llama el Juego del Cercado) espacios delimitándolos como propios.

Otro de los modos de adquirir la propiedad es la sucesión mortis causa, la que se produce por fallecimiento del propietario. Ya hemos visto que en el Go, uno de los conceptos esenciales es el de vida y muerte de modo que la muerte de un grupo de piedras provocará que el territorio que ocupaban pase a ser propiedad del contrario, que lo adquiere por la muerte del grupo.

Finalmente también se adquiere la propiedad en nuestro Derecho por consecuencia de ciertos contratos mediante la tradición (entrega) y algo similar es lo que ocurre en el Go en una situación especial conocida como furikawari (intercambio en japonés) en la que por acuerdo (eso es un contrato) tácito los dos bandos intercambian dos posiciones equivalentes, acuerdo que se hace efectivo mediante la entrega que se consuma con la colocación de la piedra que ponga fin a esa situación.

La partida ha acabado. Blanco ha adquirido por ocupación el sector derecho mientras negro ha ocupado el izquierdo.
La partida ha acabado. Blanco ha adquirido por ocupación el sector derecho mientras negro ha ocupado el izquierdo.
El domicilio es inviolable.

Así lo proclama el artículo 18 de la Constitución y con ello, según ha declarado nuestro Tribunal Constitucional  consagra el principio del domicilio como el espacio donde el individuo vive ejerciendo su libertad más íntima, al margen de convenciones sociales.

En el Go no basta con “cercar” territorio, además es necesario asegurarnos la inviolabilidad del mismo lo que se consigue dotando a un grupo de piedras de (al menos) dos “ojos”, esto es dos libertades internas. De esta forma queda garantizada la seguridad del grupo ahora inmune a los posibles ataques del contrario.

Problema de vida y muerte. Negro puede hacer que su domicilio sea inviolable, de lo contrario morirá.
Problema de vida y muerte. Negro puede hacer que su domicilio sea inviolable, de lo contrario morirá.
Forma dat esse rei.

Aunque en el Derecho Moderno rige el principio de libertad de forma, en algunas ocasiones la Ley impone determinadas formas como requisito para la validez del negocio jurídico (por ejemplo la donación de inmuebles solo es válida si se hace en Escritura Pública); en otras la forma se impone no como requisito de validez sino como modo para lograr un mayor eficacia (así por ejemplo la Escritura Pública, autorizada por Notario goza de eficacia legitimadora, probatoria y ejecutiva, de las que carece el documento privado).

En el Go encontramos aplicaciones de esas dos modalidades; existen determinadas formas llamadas nakade (mover dentro, en japonés) que una vez aseguradas son garantía de vida; otras formas son calificadas como mala forma, por su ineficiencia  y otras se catalogan como buena forma por el potencial que despliegan.

Un triángulo vacío, mala forma.
Un triángulo vacío, mala forma.
Un jurista ante el Go.

Aprender a jugar al Go en España antes de la llegada de internet era toda una odisea comparable a iniciarse en el oficio de caballero durante la Edad Media. Comprar tablero, piedras y material de estudio era literalmente imposible y todas mis búsquedas de alguien que me enseñase a jugar fueron infructuosas y acababan por conducirme a lo que parecían leyendas urbanas: que si un restaurante japonés en el centro de Madrid, que si un misterioso club en Plaza de España…

En un viaje a Amsterdam compré mi primer tablero y “ayudado” por un folleto en japonés y un manual en inglés  coloqué mis primeras piedras; a partir de 1999 comencé a jugar en el servidor KGS y en un mundo poblado por matemáticos, informáticos, ingenieros y físicos descubrí que conceptos tales como libertad, equilibrio, intercambio, vida y muerte encajaban perfectamente en las ideas que a diario manejamos los juristas y que sí, que había una relación entre Derecho y Go; contrariamente a lo que sucede en Japón donde es un juego popular que no distingue ni profesiones ni clases sociales en Occidente (aunque cada vez menos) se le ha vinculado a una élite científica olvidando que además de cálculo, en el Go intervienen otros conceptos como intuición, justicia material y belleza cercanos a cualquiera sin necesidad de tener formación en ciencias puras.

Durante varios meses recibí clases de Fernando Aguilar, maestro argentino posiblemente el mejor jugador amateur de Occidente, sin duda una de las personas que más ha hecho por la difusión del Go y a quien debo lo que sé de este maravilloso juego.

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